mayo 13

¿Sobrevivirá la economía mundial al coronavirus?

En términos de béisbol, el deporte más popular de mi país y el Caribe, a todos nos cogieron fuera de base. A comienzos del mes de marzo, teníamos una vida que, si bien estaba lejos de ser perfecta, lidiábamos con ella. Luego, de un día para otro, cambió esa realidad, nos enviaron a casa a confinarnos y la vida se nos puso patas arriba. Y en esas andamos, tratando de acomodarnos.

Más allá del miedo que pueda producir un enemigo invisible y letal como el COVID-19, con el paso de los días lo que más incomodidad nos generó fue el encierro. A los seres humanos no nos enseñan a vivir en soledad y, tampoco, en confinamiento. Una situación que, además, desveló una realidad que también tiene visos de pandemia: nuestras casas no son aptas para este estilo de vida.

Una de las principales dificultades que enfrentó la mayoría de las personas durante los últimos meses fue la de no poder trabajar en su lugar habitual. Por decisión de las autoridades, debieron improvisar in sus casas un lugar de trabajo para continuar cumpliendo con sus responsabilidades. Y ahí fue Troya: muchos no tienen un computador adecuado, el internet es muy lento y los niños…

Sí, eso de trabajar con los hijos al lado, quizás también con la mascota, no es para todo el mundo. Te lo digo con conocimiento de causa, porque como seguramente sabes desde hace varios años dejé la oficina física y trabajo desde mi casa o desde donde esté, siempre y cuando pueda estar conectado a internet. Sin embargo, sé que mi trabajo es distinto al de muchas personas.

Además, como consultor inmobiliario, entiendo que en el abanico de cambios provocados por la pandemia en el estilo de vida de las personas la arquitectura de los hogares también sufrirá cambios. Por eso, invité a cuatro expertos: Roberto Rijo (Roberto Rijo + Arquitectos Asociados), Daniel Pons (Pons Arquitectos), Rafael Selman (Selman & Asociados Arquitectura) y Carlos Aguilar (GVA & Asociados).

Nadie más autorizado que ellos para hablar de este tema. “Yo creo que el ámbito que más se afecta es el doméstico. No tanto, a lo mejor, de la forma, sino del uso que les da la gente a esas viviendas ”, dijo Roberto Rijo. “La gente va a valorar un poco más las características interiores de su vivienda y cómo ese lugar responde a las necesidades que surgirán tras la pandemia”, agregó.

En ese sentido, es probable que en los próximos meses, en 2021, se incremente un fenómeno que en Estados Unidos es popular: que la gente se desplace a las afueras de las grandes ciudades, a los suburbios, a lugares más tranquilos, con espacios más amplios. “La verdad, creo que hay una cantidad de desarrolladores de proyectos que están obsoletos desde hace años”, sentencia Roberto.

“Espero que esta situación que estamos viviendo provoque que tanto arquitectos como otras personas relacionadas con la construcción empiecen procesos de desarrollo de proyectos distintos a los actuales. El modelo vigente es el de un desarrollo de proyectos manejado por grupos, por consultoras que ejecutan los proyectos solamente con fines de retorno de inversión ”, explica.

El uso de la vivienda y de los espacios, como lo mencioné, fue una de las principales dificultades de las personas durante el confinamiento. “Cuando tú no pasas tanto tiempo en la casa eso no te importa; comienza a importar cuando le das un uso diferente al doméstico, es el que vivimos ahora. Entonces es el momento en que surgen las preguntas que nos hacemos hoy ”, dijo Roberto.

¿Cuales preguntas? 

Las relacionadas con la iluminación en la cocina, con los clósets, con disponer de espacios en los que pueda trabajar con tranquilidad o simplemente leer, es decir, hacer un uso distinto al habitual en ese espacio. “Cuando adquieren un inmueble, la mayoría de las personas no se fijan en eso, porque lo que se considera un gasto innecesario. Ahora, eso va a cambiar ”, agregó.

El home office fue la gran novedad del confinamiento, pero también el gran dolor de cabeza. Sin embargo, es una tendencia que seguramente se incrementará a corto plazo, pues las empresas y los propios trabajadores entendieron los beneficios de esta modalidad. Y, al parecer, no queda más remedio que acostumbrarnos a ella y, lo más importante, adaptar nuestros espacios a ella.

“La mentalidad va a cambiar y eso que acabas de mencionar sería grandioso. El problema es que cuando hablamos de urbanismo siempre pensamos en la gran metrópolis y el verdadero urbanismo debería ser revitalizar los pueblos. Esta es una oportunidad, pero hay que tener en cuenta que la mentalidad de las personas, su ideal del éxito y del triunfo, está en las ciudades ”, afirmó Daniel Pons.

“De los cambios permanentes que probablemente tenga la vivienda, sea donde sea, es que se requiera algún espacio de oficina donde se pueda trabajar de manera remota, aunque de manera parcial. Que ese espacio sea flexible, probablemente, que haya una posibilidad de privacidad será la condición más importante que pueda tener eso en el diseño ”, aportó Rafael Selman.

¿Los desarrollos grandes, entonces, deberían comenzar a considerar el diseño de espacios para el teletrabajo en las nuevas construcciones? “Desgraciadamente, por el mismo costo de la tierra, en el polígono central, no es algo fácil. Pero, creo que ahora es un momento para no utilizar el 100% de la huella y dejar espacios abiertos en una torre. Puede ser el valor agregado ”, aseguró Carlos Aguilar.

"La repercusión de una medida así puede ser muy alta porque estás creando una calidad de vida dentro de ese espacio y, a lo mejor, los nuevos compradores podrían valorar eso", agregó. “Son las densidades las que determinan la explotación, el uso de los solares. Habría, entonces, que revisar las regulaciones y que lo que se haga en adelante ofrezca mayor contacto con el exterior ”, dijo Daniel.

"La gente, incluso, durante este confinamiento ha sufrido ataques de ansiedad, pánico y de claustrofobia, así que es probable que ahora todo el mundo exija contacto con el exterior", agregó. Por supuesto, estas no son más que ideas y la única verdad, la definitiva, la dirá el cliente en su momento. Lo cierto es que los desarrolladores de proyectos deben estar preparados para los cambios.

“La pandemia es un acelerador de cambios, de alguna forma. Nos está enseñando a utilizar la tecnología que estaba disponible para comunicarnos en el trabajo y con la familia. También nos enseña que se puede ser productivo desde la casa, un tema que venía tomando auge en nuestro medio. Creo que son de las nuevas costumbres que se van a quedar con nosotros ”, asegura Rafael.

Pero, además, algo que no es secundario: “Nos ha enseñado que la raza humana realmente es muy vulnerable y que hay cosas más importantes que lo que tú haces en tu vida. Ese contacto con la naturaleza, que nos va a obligar a cambiar las ciudades. Las ciudades son las que más deberán cambiar en el futuro porque lo que está en juego es el valor del espacio en función de lo privado ”.

Uno de los cambios que seguramente veremos a corto o mediano plazo es que las familias ya no quieran vivir en apartamentos, sino en casas ejercicio que tengan espacios para hacer como hacer o descansar, quizás tener una huerta o energía renovable. Si dentro de la ciudad esto no es posible por los costos de la tierra, entonces la gente buscará opciones en las afueras.

“Creo que ese puede ser uno de los efectos más interesantes de la pandemia: la involución de la migración, que la gente vuelve a los pueblos, a las ciudades pequeñas de la provincia. Que quizás no tenga las comodidades de la ciudad, pero sí una mejor calidad de vida ”, expresó Daniel Pons. "Creo que hoy es el momento para que las personas comiencen a considerar esta posibilidad", agregó.

La pandemia, tarde o temprano, va a ser controlada o va a desaparecer. Sin embargo, el impacto en nuestra vida se quedará por mucho tiempo. Por eso, es fundamental comenzar a pensar de un modo distinto, pensar nuestra casa no solo como el lugar donde comemos y dormimos, sino como aquel en el que vivimos. Eso, por supuesto, exige un drástico cambio de mentalidad.

Turismo y economía son dos palabras que, en el caso de República Dominicana y sus 10 millones de habitantes, son como un matrimonio, una pareja indisoluble. Se afectan mutuamente, para bien o para mal, y más en tiempos de crisis como los que vivimos por cuenta del coronavirus, que desde hace meses nos tiene confinados en casa. Y, además, porque no sabemos cuándo acabará.

Los daños provocados por la pandemia son comparables con los que se derivaron de la Segunda Guerra Mundial, entre 1939 y 1945, aunque con una diferencia: el conflicto bélico sólo involucró a un puñado de países a ambos lados del Atlántico, más Japón. En cambio, el coronavirus se originó en China, se extendió a Europa, luego nos llegó a Latinoamérica y el resto del planeta.

Una situación lamentable para un país que, en el último lustro, a pesar de los vaivenes de la política interna, se había convertido no solo en el destino preferido de los viajeros de Estados Unidos y Europa, sino en la economía más sólida de la región. ¿Y cómo lo logró? De la mano de su gran aliado, el turismo, el motor que impulsa la economía y les brinda bienestar a los dominicanos.

Las cifras de turistas extranjeros que habían aterrizado en el país iban en franco ascenso, pero llegó el coronavirus y nos dejó en tierra. La industria del turismo, incluidos los sectores de la hotelería y de la aviación, fueron dos de los más golpeados porque pasan y pasan las semanas y no está claro cómo y cuándo van a reactivarse. Pero, estoy seguro de que esta situación es algo temporal.

También estoy seguro de que en 2021 el país retomará el buen rumbo que traía y de que la economía se reactivará impulsada por el turismo. Este es un tema que, de una u otra forma, nos concierne a todos los dominicanos y, por eso, invité a dos buenos amigos y conocedores de esta problemática para conversar sobre la oportunidad que, a mi juicio, nos brinda esta crisis.

Se trata de Emile De Boyrie, que cuenta más de 35 años en el ámbito de las instituciones financieras y como asesor no solo en República Dominicana, sino también en Brasil, Colombia y Argentina. Enrique Eduardo De Marchena, mientras, es una autoridad en los temas del turismo, del derecho y la industria inmobiliaria, vinculado a prestigiosas instituciones internacionales.

Recientemente, mi tocayo Emile se hizo viral en redes sociales por un vídeo en el que revelaba la noticia de que República Dominicana era el mejor destino turístico de América en 2020. Ese fue el resultado de la encuesta realizada por el prestigioso portal TripAdvisor, que toma en cuenta las calificaciones que los turistas consignan en su web después de sus viajes y otorga los Traveler’s Choice.

Londres (Inglaterra), ocupa el primer puesto, seguida por París (Francia). El tercer lugar es para la isla de Creta (Grecia); Bali (Indonesia), Roma (Italia), Phuket (Tailandia), Sicilia (Italia), Mallorca (España), Barcelona (España) y Estambul (Turquía) completan los diez primeros destinos. Luego siguen Goa (India) y Dubái (Emiratos Árabes Unidos), antes de República Dominicana, puesto 13.

Para que entiendas la dimensión de esta clasificación, solo Cuba, en el puesto 19, y Nueva York, en 25, son los otros dos destinos americanos que aparecen en el Top-25 de las preferencias de los viajeros internacionales. Tokio (23), Lisboa (22), Marrakech (21), Praga (16) y Bangkok (14) son otros lugares que, tradicionalmente, figuran en los puestos de privilegio de los Traverler’s Choice.

Eso me llevó a plantear el primer interrogante: ¿cómo será el turismo después de la crisis? “Lo primero es que los viajeros entiendan que hay condiciones para viajar y que nosotros, como receptores de esos turistas, brindemos las condiciones sanitarias necesarias”, afirma Enrique. “El segundo tema tiene que ver con las aerolíneas, que se han visto muy afectadas por la crisis”.

A juicio de Enrique, primero se dará un proceso de turismo doméstico, es decir, la movilización de ciudadanos residentes que buscan descansar y salir del ambiente del confinamiento, regresar a sus lugares de descanso. Luego, cuando el transporte esté completamente normalizado, empezarán a llegar los turistas extranjeros. Nosotros tenemos, entonces, que estar preparados para recibirlos.

“Hay que entender que no será fácil por lo que ocurre hoy en el sector del turismo, que a finales de 2019 representaba el 10,3 por ciento de la economía global. Es decir, uno de cada diez empleos en el mundo se origina en la industria del turismo”, explica Enrique. “Con la crisis, se han perdido más de 100 millones de puestos de trabajo y se han dejado de percibir 2,7 trillones de dólares”, agrega.

Son cifras espeluznantes, sin duda, números que no percibimos cuando viajamos, cuando disfrutamos en un buen hotel, cuando nos asoleamos en la playa, cuando comemos un rico pescado. Es mucha la gente que está detrás de todo eso que nosotros los viajeros disfrutamos y son ellos, obviamente, los más afectados por el fuerte impacto provocado por el COVID-19.

El siguiente interrogante es ¿cuántos turistas podemos esperar después de la crisis? “Yo sería bien, bien cauteloso a la hora de estimar alguna cifra”, afirma Emile. “Esta no solo es una situación crítica, sino que estamos visualizando que la recuperación económica no es una ‘V’, es decir, que tuvimos el nivel muy alto, tocamos fondo y llegamos a los niveles de nuevo; esta es una situación de ‘W’”, agrega.

“Yo quiero insistir en que no depende solamente de nosotros. El sector aéreo está fuertemente impactado y hay que ver lo que será la recuperación. Hay que ver qué medidas va a tomar cada uno de nuestros países emisores para permitir viajes. Hay que ver cómo, sobre todo, salimos nosotros de esta situación de emergencia y brindamos las condiciones sanitarias necesarias”, dice Enrique.

La prudencia, no trabajar sobre expectativas falsas, es muy importante en estas circunstancias. Y, sobre todo, algo que me parece vital: que las decisiones que se adopten estén sustentadas en cifras, en estudios serios, porque de lo contrario el mal puede ser mayor. Por eso, me inquietan cuáles son las oportunidades que se vienen tras la pandemia para el sector del turismo.

“La realidad, Emil, es que el sector tiene grandes desafíos. Y yo te voy a explicar algunos de ellos para que tú los dimensiones”, asegura Enrique. “Este sector comenzó a desarrollarse a comienzos de los 80, así que ya casi llega a los 40 años de éxitos. Esta no es la primera crisis que vemos en ese período si bien, sin dudas, es la peor de todas. Y las anteriores las superamos”, agrega.

“Cuando ocurrieron los ataques terroristas del 11 de septiembre, cuando la crisis de los mercados financieros, aprendimos una gran lección. Nosotros lo primero que debemos entender es que vamos a vivir en un nuevo mundo que va a ser más virtual, por lo menos hasta que se descubra la pastilla anti-Covid. Va a ser un mundo más virtual, de más inteligencia artificial, en el que la salud toma la prioridad”, asegura.

Los tour operadores y los hoteles, recalca Enrique, tendrán que reinventarse porque ya no podrán funcionar de la misma manera que lo hacían antes de la crisis. Las condiciones sanitarias serán extremas y tendremos que aprender a convivir con las normas de distanciamiento social en estos lugares. Sin duda, Enrique, son grandes desafíos los que nos esperan en esta nueva realidad.

“Lo que vivimos actualmente, Emil, es el mismo escenario que tenía el mundo al término de la Segunda Guerra Mundial, según los expertos y los que conocen del tema. Para todos nosotros, entonces, es algo sin precedentes y con un agravante: enfrentamos a un enemigo invisible que no se ve, no se toca y cuyo impacto se refleja en los números de la economía”, destaca Emile.

Lo que más me agrada de estas charlas con amigos que son expertos en temas cruciales es que aprendo mucho. Yo fui una de las víctimas de la crisis del 2008 y también padecí los efectos del 11 de septiembre, por eso creo que de esta vamos a salir bien librados. El COVID-19 nos pegó duro, nos trastocó la vida, nos incomodó, pero estoy completamente seguro de que no nos vencerá.



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